Sentado frente al puerto, dejándome arrullar por el tintineo que emiten los mástiles de los veleros, despliego el folio donde lo apunté todo y me pongo a leer.
30/1/10
27/1/10
Día internacional en memoria de las víctimas del Holocausto (2)
Es un silencio extraño, perfectamente identificable bajo la algazara que suena por todas partes. Es como un envoltorio de papel de seda que lo cubre todo y mitiga los sonidos de los vivos. Es, tal vez, la voz de los muertos, que no quieren callar. Es un silencio líquido que lo empapa todo.
24/1/10
Una escena histórica (2)
Es una escena histórica. Sebastián lo sabe, de modo que no se pierde ni el más mínimo detalle. Para evitar empujones y conseguir una mejor perspectiva, ha subido a lo alto del pórtico de entrada al recinto. Desde aquí arriba, tras la pancarta de veinte metros que han colgado entre las dos torres de vigilancia —donde se puede leer LOS ESPAÑOLES ANTIFASCISTAS SALUDAN A LAS FUERZAS LIBERADORAS en castellano, inglés y ruso—, Sebastián dispara la Leica sin parar.

Fuente: DMPA
22/1/10
19/1/10
16/1/10
La parada de taxis

Y empiezo a trotar. Y llego al primer taxi y subo y anuncio la dirección adonde quiero ir a toda prisa. Quiero decir que lo digo a toda prisa y quiero que conduzca a toda prisa. Y remato mis palabras con un ¡rápido! cinematográfico, como si no hubiese quedado suficientemente claro con mi actitud que quiero llegar a mi destino cuanto antes. Y el taxista farfulla un sí, señor y arranca y da tres cuartos de vuelta a la rotonda para cambiar de sentido y coger la carretera que discurre paralela a la línea de costa en dirección a Salou.
12/1/10
El claro del bosque (2)
Y ahora están aquí, en un claro del bosque que hay más allá de la cantera. Han llegado a pie hace un rato. Ihner, Sebastián, los tres franceses elegidos por el sargento y un par de soldados hoscos. Como durante el trayecto no los han dejado hablar, Pierre aprovecha la espera para contar su historia. Habla con un hilo de voz, a trompicones, callándose de golpe cada vez que los alemanes lo miran.
9/1/10
La casa de Karl Ihner (1)

Estamos en la avenida que conecta Cambrils con Salou. La casa que busco se encuentra al otro lado de estos edificios, en primera línea de mar. [...] Enfilo un callejón entre un hotel con la piscina vacía y un bloque de apartamentos. En el lado del mar la cosa cambia. Aquí toca un sol tímido que atrae a los paseantes. Hay unos cuantos —la mayoría pensionistas—, enfundados en chándales. Deambulan a lo largo del paseo que bordea la playa. De manera que me uno a ellos. Me hago pasar por uno de ellos. Me camuflo. Y me encamino hacia la casa de Karl Ihner.
8/1/10
La casa de Karl Ihner (2)
La casa de Karl Ihner —la veo de reojo al pasar por delante— es de estilo ibicenco. Consta de una sola planta con azotea y una buena extensión de jardín. Reconozco pinos, yucas y buganvillas. Me fijo en las ventanas. No tienen barrotes. Las persianas están levantadas, pero las cortinas me impiden captar cualquier detalle del interior de la vivienda. No puedo ver nada más. No me puedo parar. Continúo en línea recta, fingiendo que paseo, y la casa sale de mi campo de visión.
5/1/10
31/12/09
Una exposición sobre el tema
Imatges i memòria de Mauthausen. Hasta el 31 de enero en el Tinglado 4 del Puerto de Tarragona.
"Les fotografies ens mostren, en una seqüència cronològica, les etapes del camp. [...] Amb les imatges construïm memòria i la memòria esdevé font de reflexió".
Rosa Toran. Historiadora y Presidenta de Amical de Mauthausen,
El punto de vista de los asesinos (2)
"Sólo se fotografiaba un determinado aspecto de la realidad", dice uno de los paneles de la exposición.
24/12/09
El cementerio
Y entonces se pone a caminar como si conociera el cementerio de toda la vida. Recorre la avenida central. Deja atrás cruces de hierro forjado y ángeles de mármol y, a la altura del panteón de la familia Chateaubriand, tuerce a la derecha. Continúa andando durante un centenar de metros, hasta que llega a una zona donde las tumbas son más modestas. Tan solo una sencilla lápida indica que allí hay alguien enterrado.
16/12/09
Servicio de Identificación
La puerta se abre bruscamente. Los dos húngaros que se encuentran al fondo de la barraca no se dan cuenta —o fingen que no se dan cuenta— y continúan esmaltando los retratos de unos oficiales. No pueden perder ni un minuto, ya que les han dicho que vendrán a recogerlos a la hora de comer. Sebastián, por el contrario, aparta los ojos de la tira de negativos que está examinando a contraluz y los dirige hacia la entrada.
13/12/09
El título
Durante algún tiempo la novela se tituló El cuarto oscuro. Después tuve la tentación de utilizar las palabras "noche" y "niebla" en referencia al decreto Nacht und Nebel. Pero finalmente se quedó en El fotógrafo. Y es que, según afirma Andrés Neuman al hablar del título de una obra literaria, "si es demasiado brillante se olvida fácilmente".
9/12/09
La foto que no pudo ser portada de la novela
En la fotografía aparece Karl Ihner vestido de paisano, con corbata y todo, tendido de espaldas en un prado. Tiene los brazos un poco separados del cuerpo y las piernas abiertas. Si fuese invierno, quien viera la escena pensaría que el sargento quiere dejar la marca de un ángel en la nieve abriendo y cerrando las extremidades superiores e inferiores.

Fuente: Archivo fotográfico del diario L'Humanité.
La misma foto que Mathias Enard describe en la página 164 de Zona:
Boix piensa en una de las fotos de Ricken, una de las más inquietantes, donde el nazi aparece tumbado sobre la hierba, los brazos a lo largo del cuerpo, con traje, bien calzado y con corbata, en la misma postura que los pobres tipos abatidos por los guardias cuando, según los alemanes, trataban de huir.
5/12/09
Limoux
25/11/09
La puerta del cementerio
Trepa por el barrote transversal que divide la verja en dos y se aúpa. Se sostiene a pulso durante un instante, tal cual un gimnasta en un ejercicio de anillas. Entonces, con mucho cuidado, pasa un pie entre los extremos lanceolados de los barrotes verticales y se incorpora, quedando a horcajadas. No puede permanecer en esta posición durante mucho tiempo. El hierro se le clava en el culo y le provoca un intenso dolor. Además, la superficie sobre la que está sentado es tan estrecha que en cualquier momento puede perder el equilibrio y caerse desde dos metros de altura o quedar ensartado.
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