Un anciano fotógrafo catalán, superviviente del campo de Mauthausen y obsesionado por la justicia, un nazi huido e instalado en Cambrils y un profesor de instituto de baja por depresión son los personajes de una trama que juega entre el pasado y el presente, y que se resuelve de forma inesperada y sorprendente.

4/4/10

El campo de avellanos



Cuando abro los ojos constato que todavía me faltan unos cuantos metros para llegar a la valla que acota las instalaciones. Sin embargo, ya me siento a salvo. La vegetación de esta parte del jardín me protege de cualquier mirada indiscreta procedente del edificio. Así pues, me meto la mano en el bolsillo del pantalón y saco las tenacitas que birlé ayer del taller de encuadernación. No son muy grandes, pero confío en que me servirán para abrir una brecha en la alambrada. Eso es lo único que me separa de la libertad. Porque, una vez esté fuera y me adentre en el campo de avellanos, les resultará imposible encontrarme.

28/3/10

Torre de vigilancia (1)

Los orígenes de esta novela seguramente se remontan al 17 de julio de 1985.

3/3/10

El pequeño Engeldorf

Advirtiendo que están a punto de irse, el pequeño Engeldorf no puede contenerse más. Empieza a dar saltitos y a tirar de la manga de la guerrera de su padre.

—Papi, papi, ¿y mi regalo de cumpleaños? —exige con un sonsonete.


Fuente: NARA

27/2/10

Las montañas de Vandellòs



Diez años de impotencia imaginando cómo Ihner sale a pasear todas las mañanas, cómo lee la prensa de su país en un banco del paseo marítimo, cómo se amodorra delante del televisor después de comer, cómo hace fotos de las puestas de sol tras las montañas de Vandellòs.

22/2/10

El claro del bosque (1)

Un ruido en el follaje los pone en guardia. Es un soldado de las SS, que entra en el claro por la izquierda. Pero no viene solo. Lo siguen tres mujeres. A primera vista no parecen prisioneras: están bien alimentadas y tienen un aspecto saludable. O tal vez sí. Tal vez sí son prisioneras. [...] Porque cuando advierten que han llegado a su destino se detienen y se quedan mirando el escenario con los ojos nublados por el pánico.


Fuente: Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau

15/2/10

Francesc Boix

El fotógrafo se basa en la vida de Francesc Boix, el prisionero republicano que aprovechó su trabajo en el servicio de identificación de Mauthausen para esconder centenares de fotografías y negativos que más tarde se utilizarían como pruebas en los juicios de Nuremberg. Si bien el punto de partida de la novela es verídico, el argumento en seguida se adentra en el terreno de la ficción.



El resto de la entrevista, aquí.

9/2/10

El camino del cementerio

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Así pues, la silueta se diluye, engullida por la noche. Reaparece al cabo de cuatro o cinco minutos que en realidad son cuatro o cinco segundos (ya que en la imaginación el tiempo no discurre a la misma velocidad que en la vida real). Es ese punto negro que se mueve dentro del cono de luz mortecina que proyecta la bombilla que alumbra la puerta por donde entran las comitivas fúnebres y los desconsolados familiares de los difuntos.

6/2/10

La familia de Ihner

En la última imagen que conserva de la escena —porque la última imagen antes de cerrar los ojos es la que se graba y perdura en el material sensible de la memoria más inmediata—, aparece la niña suspendida en el aire en posición horizontal a un metro por encima de la cabeza de su padre, y su padre, con la cabeza y los brazos en alto, preparado para recogerla cuando caiga, y su madre, al fondo, con las manos en las mejillas, observando a su hija con una exclamación en los labios y una expresión entre divertida y asustada en la mirada.

Fuente: Colección Pierre Durand

2/2/10

Una escena histórica (1)

La columna de blindados avanza poco a poco. Se abre camino entre la multitud que se ha congregado en el Appelplatz, que grita, llora, silba, aplaude y saluda a sus liberadores agitando las gorras.

Fuente: DMPA

30/1/10

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Sentado frente al puerto, dejándome arrullar por el tintineo que emiten los mástiles de los veleros, despliego el folio donde lo apunté todo y me pongo a leer.

27/1/10

Día internacional en memoria de las víctimas del Holocausto (1)


Fuente: Amical de Mauthausen París

Día internacional en memoria de las víctimas del Holocausto (2)

Es un silencio extraño, perfectamente identificable bajo la algazara que suena por todas partes. Es como un envoltorio de papel de seda que lo cubre todo y mitiga los sonidos de los vivos. Es, tal vez, la voz de los muertos, que no quieren callar. Es un silencio líquido que lo empapa todo.

24/1/10

Una escena histórica (2)

Es una escena histórica. Sebastián lo sabe, de modo que no se pierde ni el más mínimo detalle. Para evitar empujones y conseguir una mejor perspectiva, ha subido a lo alto del pórtico de entrada al recinto. Desde aquí arriba, tras la pancarta de veinte metros que han colgado entre las dos torres de vigilancia —donde se puede leer LOS ESPAÑOLES ANTIFASCISTAS SALUDAN A LAS FUERZAS LIBERADORAS en castellano, inglés y ruso—, Sebastián dispara la Leica sin parar.


Fuente: DMPA

19/1/10

Torre de vigilancia (2)

Fotografiar diapositivas. Recordar recuerdos.




Fuente: M. Riera Borràs

16/1/10

La parada de taxis



Y empiezo a trotar. Y llego al primer taxi y subo y anuncio la dirección adonde quiero ir a toda prisa. Quiero decir que lo digo a toda prisa y quiero que conduzca a toda prisa. Y remato mis palabras con un ¡rápido! cinematográfico, como si no hubiese quedado suficientemente claro con mi actitud que quiero llegar a mi destino cuanto antes. Y el taxista farfulla un sí, señor y arranca y da tres cuartos de vuelta a la rotonda para cambiar de sentido y coger la carretera que discurre paralela a la línea de costa en dirección a Salou.

12/1/10

El claro del bosque (2)

Y ahora están aquí, en un claro del bosque que hay más allá de la cantera. Han llegado a pie hace un rato. Ihner, Sebastián, los tres franceses elegidos por el sargento y un par de soldados hoscos. Como durante el trayecto no los han dejado hablar, Pierre aprovecha la espera para contar su historia. Habla con un hilo de voz, a trompicones, callándose de golpe cada vez que los alemanes lo miran.

Fuente: fotógrafo anónimo

9/1/10

La casa de Karl Ihner (1)



Estamos en la avenida que conecta Cambrils con Salou. La casa que busco se encuentra al otro lado de estos edificios, en primera línea de mar. [...] Enfilo un callejón entre un hotel con la piscina vacía y un bloque de apartamentos. En el lado del mar la cosa cambia. Aquí toca un sol tímido que atrae a los paseantes. Hay unos cuantos —la mayoría pensionistas—, enfundados en chándales. Deambulan a lo largo del paseo que bordea la playa. De manera que me uno a ellos. Me hago pasar por uno de ellos. Me camuflo. Y me encamino hacia la casa de Karl Ihner.

8/1/10

La casa de Karl Ihner (2)

La casa de Karl Ihner —la veo de reojo al pasar por delante— es de estilo ibicenco. Consta de una sola planta con azotea y una buena extensión de jardín. Reconozco pinos, yucas y buganvillas. Me fijo en las ventanas. No tienen barrotes. Las persianas están levantadas, pero las cortinas me impiden captar cualquier detalle del interior de la vivienda. No puedo ver nada más. No me puedo parar. Continúo en línea recta, fingiendo que paseo, y la casa sale de mi campo de visión.

5/1/10

Primer capítulo

Si quieres, puedes leerlo aquí.

31/12/09

Una exposición sobre el tema

Imatges i memòria de Mauthausen. Hasta el 31 de enero en el Tinglado 4 del Puerto de Tarragona.

"Les fotografies ens mostren, en una seqüència cronològica, les etapes del camp. [...] Amb les imatges construïm memòria i la memòria esdevé font de reflexió".

Rosa Toran. Historiadora y Presidenta de Amical de Mauthausen,

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El punto de vista de los asesinos (2)

"Sólo se fotografiaba un determinado aspecto de la realidad", dice uno de los paneles de la exposición.

24/12/09

El cementerio

Y entonces se pone a caminar como si conociera el cementerio de toda la vida. Recorre la avenida central. Deja atrás cruces de hierro forjado y ángeles de mármol y, a la altura del panteón de la familia Chateaubriand, tuerce a la derecha. Continúa andando durante un centenar de metros, hasta que llega a una zona donde las tumbas son más modestas. Tan solo una sencilla lápida indica que allí hay alguien enterrado.

16/12/09

Servicio de Identificación

La puerta se abre bruscamente. Los dos húngaros que se encuentran al fondo de la barraca no se dan cuenta —o fingen que no se dan cuenta— y continúan esmaltando los retratos de unos oficiales. No pueden perder ni un minuto, ya que les han dicho que vendrán a recogerlos a la hora de comer. Sebastián, por el contrario, aparta los ojos de la tira de negativos que está examinando a contraluz y los dirige hacia la entrada.

Fuente: Musée de la Résistance et de la Déportation

13/12/09

El título

Durante algún tiempo la novela se tituló El cuarto oscuro. Después tuve la tentación de utilizar las palabras "noche" y "niebla" en referencia al decreto Nacht und Nebel. Pero finalmente se quedó en El fotógrafo. Y es que, según afirma Andrés Neuman al hablar del título de una obra literaria, "si es demasiado brillante se olvida fácilmente".

9/12/09

La foto que no pudo ser portada de la novela

En la fotografía aparece Karl Ihner vestido de paisano, con corbata y todo, tendido de espaldas en un prado. Tiene los brazos un poco separados del cuerpo y las piernas abiertas. Si fuese invierno, quien viera la escena pensaría que el sargento quiere dejar la marca de un ángel en la nieve abriendo y cerrando las extremidades superiores e inferiores.


Fuente: Archivo fotográfico del diario L'Humanité.
La misma foto que Mathias Enard describe en la página 164 de Zona:
Boix piensa en una de las fotos de Ricken, una de las más inquietantes, donde el nazi aparece tumbado sobre la hierba, los brazos a lo largo del cuerpo, con traje, bien calzado y con corbata, en la misma postura que los pobres tipos abatidos por los guardias cuando, según los alemanes, trataban de huir.

5/12/09

Limoux


Sebastián está sentado en la terraza de un bistró de Limoux, a la expectativa. Sabe que esta vez es diferente. [...] Nunca ha estado tan cerca de Ihner. Ahora ya no es un presentimiento.

25/11/09

La puerta del cementerio

Trepa por el barrote transversal que divide la verja en dos y se aúpa. Se sostiene a pulso durante un instante, tal cual un gimnasta en un ejercicio de anillas. Entonces, con mucho cuidado, pasa un pie entre los extremos lanceolados de los barrotes verticales y se incorpora, quedando a horcajadas. No puede permanecer en esta posición durante mucho tiempo. El hierro se le clava en el culo y le provoca un intenso dolor. Además, la superficie sobre la que está sentado es tan estrecha que en cualquier momento puede perder el equilibrio y caerse desde dos metros de altura o quedar ensartado.

19/11/09

La tienda de antigüedades del señor Primrose



Por dentro la tienda parece una trapería. O más bien la casa de alguien que padece el síndrome de Diógenes. Hay objetos de todo tipo amontonados por todas partes. Apenas puedo caminar por el estrecho pasillo que han dejado entre las montañas de cachivaches. El desorden es tal que tengo que moverme con cautela para no hacer caer nada si lo golpeo sin querer. Avanzando poco a poco, llego a la altura del escaparate y me detengo. Y justo en el momento en el que me pregunto dónde se ha metido el dependiente, alguien me saluda como si me hubiese leído el pensamiento.
La tienda de antigüedades del señor Primrose también es el título de un cuento que escribí hace 14 ó 15 años. Poco a poco voy recuperando las piezas perdidas.

5/10/09

Aquí empieza (1)

Tetbury es una población de origen sajón conocida por sus tiendas de antigüedades y el pináculo que corona la iglesia, que es el cuarto más alto del país.

1/10/09

Aquí empieza (2)



Se trata de “The Blue Zucchini” —lo veo a medida que me acerco—, una cafetería que quiere reproducir un ambiente continental mediante láminas con inscripciones en italiano colgadas de las paredes y butacas de piel alrededor de mesitas bajas y donde la clientela habla sin levantar la voz.